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Con melón o con sandía: los hijos después del divorcio
expresionessur.com, (EXS).- Cuando las discusiones
o agresiones disminuyeron, porque finalmente papá o mamá se fueron de
la casa, muchas veces el sufrimiento de los hijos no acaba aquí. Ambos
pensaron y decidieron que el divorcio era lo mejor, pero ¿qué hay de los
niños? Muchas veces por comodidad, naturaleza o razonamiento, se logra
llegar al acuerdo de que tú, su mamá, eres la más indicada para cuidarlos.
Existen otros casos en los que las circunstancias llevan a juicio la patria
potestad; sin embargo hay una peor: dejar que el niño sea quién elija
(¿con melón o con sandía?).
Dejar que un niño de hasta 12 años sea quien tome una decisión
de este tipo es muy arriesgado para su estabilidad emocional, ya que significa
ponerlo entre la espada y la pared. Es tanto como preguntarle ¿a quién
quiere más?, asegura la doctora en Psicología Ana Lorena Ramírez.
Sin embargo, independientemente de que se haya llegado a
un acuerdo o se logre por disposición legal, los hijos suelen convertirse
en una disputa constante, pues son ellos quienes tienen que dividir a
la mitad su tiempo, fines de semana, vacaciones, Navidad, etcétera.
A sentir con la cabeza
Una vez terminada la relación, sin importar los términos,
es muy importante recordar que nuestros hijos son los que se hacen más
vulnerables después del divorcio.
Obviamente nosotras no somos de piedra, comentó la doctora
Ana Lorena, e igualmente sufrimos al sentir que fracasamos como pareja
pero, ¡cuidado!, porque "si no hay la madurez suficiente para sacar adelante
el problema, su manejo -por lo general- se vuelve agresivo. Utilizar a
los hijos como emisarios de nuestro resentimiento es una actitud negativa
que los obliga a tomar partido por alguno de los padres y, además, favorece
la formación de un carácter rencoroso, inseguro y desconfiado, que los
hará infelices. Sin embargo, si el agredido aprende a trabajar con su
propio dolor, tristeza y rencor, va a poder enseñar a sus hijos a manejar
el divorcio de una manera adecuada".
Las metáforas de la separación
"¿Por qué se fue papi?" o "¿por qué ya no viene a dormir?"
son las preguntas más difíciles de responder después de un divorcio. Cuando
los niños son muy pequeños y no entienden bien lo que está pasando, a
veces funciona alguna metáfora: "Es que a papito le gustaba el limón y
a mami el chocolate".
Generalmente una mala relación entre los padres siempre
es detectada por los hijos. Así que cuando se aproxima una separación
lo que debe hacerse es sólo confirmar, por muy duro que sea, lo que ellos
ya sospechaban. Pero, eso sí, háganlo una vez que ya se decidió y reflexionó
muchísimo, cuando ya no sea posible salvar el matrimonio.
"A los niños siempre hay que hablarles con la verdad y los
padres tienen la responsabilidad de explicarles que ya no pueden vivir
juntos, aclarándoles algo muy importante: que al igual que mamá, papá
siempre será papá, y su amor por él o por ellos no cambiará nunca", sugirió
la terapeuta.
Un bien necesario
Varios estudios de psicología infantil desarrollados en
Estados Unidos y la Unión Europea han demostrado que el niño sufre mucho
más en situaciones en las que los padres viven juntos pero son infelices,
que en las que vive sólo con uno de ellos y ve al otro en un nuevo ambiente
o, incluso, con una nueva pareja.
Definitivamente el principio es lo más difícil; sin embargo
con una responsable y madura actitud por ambas partes, en poco tiempo
los niños lograrán asimilarlo sin mayor problema. Ahora que, si pasa un
tiempo y el rendimiento académico o de conducta del niño va en descenso,
lo más recomendable es pedir la asesoría de un especialista.
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