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La sirena que resultó ser vaca marina

Expresionessur.com.- En algún momento de su historia
se les identificó como sirenas. Aunque los escritos de Cristóbal Colón
señalan que la figura mítica, mitad mujer y mitad criatura marina, no
era tan bella como la habían pintado los artistas.
Años después, los investigadores entendieron que las supuestas
sirenas eran realmente, las llamadas vacas marinas. Una sirenas con cuerpo
de dirigible, pero con la gracia y ternura de mujer.
Sin embargo, su especie ahora conocida como manatí, está
en peligro debido a la caza para aprovechar su carne y su aceite.

En años recientes, varios gobiernos, como el de Estados
Unidos, han lanzado leyes de protección y creado santuarios.
Los manatíes no tienen enemigos naturales, pero tampoco
cuentan con mecanismos de defensa, como no sea el alejarse nadando. Ahora
que nadar con más de 500 kilos encima y seis metros de longitud, no le
facilita el escapar de su peor depredador: el hombre.
Algunos manatíes pasean solitarios, aunque suelen permanecer
en grupos familiares, a veces llegan a reunirse manadas de 15 a 20 especímenes.
En las amazonas pueden ser vistos, durante la época de sequía, hasta mil
animales en varios grupos

Es grande y algo lento. Pero tiene la cara más tierna del
mundo, la que revela su nobleza. No ataca, es juguetón y además presta
un servicio muy útil al hombre al alimentarse de algas y plantas de agua,
que atascan canales de irrigación y transporte. Sin embargo, estamos a
punto de perderlo.
En México, en los canales de Xochimilco, se optó por traer
a tres manatíes de la región del Caribe, para combatir la plaga de algas
que estaba asfixiando los canales. Aparentemente, la gran idea estaba
funcionando, los manatíes comían las algas, quedaban satisfechos y también
quienes se preocupaban por el futuro de un histórico y hermoso jardín
flotante como Xochimilco.
Sólo que nadie contó con otro tipo de hambre, o quizá más
bien ignorancia y maldad. Porque primero desapareció un manatí, después
otro y finalmente, el tercero. Una investigación, no muy profunda, reveló
que los maravillosos animales habían acabado como tacos de quienes viven
en esa región. Los tacos de la ignorancia, los tacos de algunos listos
que se vendieron caros porque eran del animalote que estaba en el agua.
¡No sabemos a que sabe el manatí!, pero sí sabemos a que sabe la crueldad
y la irresponsabilidad, y que los canales de Xochimilco todavía tienen
algas.
Ahora que no sólo en México se atenta contra ese gentil
mamífero marino. En Florida, en donde se hacen intentos por salvarlo de
la extinción, son las lanchas y los barcos, los encargados de terminar
con ellos. El problema no es que el manatí sea lento o sonso y no se de
cuenta de que vienen las lanchas o los barcos, lo que sucede es que él
no tiene la capacidad auditiva para escuchar los dos kiloherts que emiten
los motores de las embarcaciones. Si disminuyen la velocidad, menos tiene
posibilidades de detectar al enemigo que pronto se va a estrellar con
él o partirlo en pedazos con las hélices.
Quien reivindicó a los manatíes y difundió al mundo que
no son tontos, ni suicidas, sino tan sólo medio sordos, fue el investigador
Ernerst Gernstrin, de la Universidad Atlanta, en Florida. Gracias a él,
se iniciaron los estudios para determinar la capacidad auditiva del manatí
y saber por qué de tantos accidentes y muertes de estos nobles monstruos
en las aguas costeras, en las bahías, los canales o ríos.
Gernstein desarrolló lo que se llama un emisor paramétrico,
que se coloca al frente de la embarcación, justo a nivel del agua. Este
aparato de tres pulgadas, emite un sonido agudo (un beep, beep) que poco
a poco podría enseñarle a los manatíes a identificar lanchas o barcos.
A saber que por allí viene algo que puede chocar con él o aplastarlo,
y que debe tener cuidado. Salir del área, sumergirse más, lo que sea con
tal de no convertirse en ¡otra víctima más!
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