Editoriales

Banderas al Viento

Unidad Latinoamericana

 Por Vicente Oria Razo*

 

                   Durante los pasados días 15 y 16 de este mes de diciembre se realizaron cuatro cumbres de los líderes de las naciones de América Latina: La reunión Mercosur, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), La tercera del Grupo de Rio y la primera Cumbre de América Latina y el Caribe. Todos estos encuentros tuvieron lugar en el balneario brasileño de Costa de Sauipe. A ellas asistió con mentalidad latinoamericana el presidente de México Felipe Calderón Hinojosa.
                   En esas reuniones se tomaron amistosa confianza los presidentes latinoamericanos y tomaron decisiones que recogen la utopía de nuestra América que soñaron los fundadores y próceres de nuestras patrias. Se decidió crear y poner en operación en 2010 la Unión de América Latina y el Caribe, en la que no tendrán cabida Estados Unidos y Canadá. Es un nuevo organismo que pretende afianzar la independencia regional.
                   El presidente Felipe Calderón explicó que el objetivo es que la Unión comience a funcionar plenamente a comienzos de 2010, en coincidencia con las celebraciones del bicentenario de la independencia de la mayoría de los países de la región. Dijo que el organismo multilateral engloba a todos los países de América, desde el Rio Bravo hasta la Patagonia. Al mismo tiempo acordaron pedir a Estados Unidos que levante el embargo contra Cuba.
                   Lo importante de las reuniones de los gobernantes de nuestra América es que se desarrolle una conciencia continental unitaria. Que se recoja el lenguaje de Hidalgo quien hablaba de América; el de Bolívar quien soñaba en crear una alianza americana. Esas de Brasil fueron reuniones latinoamericanas que se realizaron bajo el viento del Sur. Con los ideales comunes de los pueblos que tienen héroes comunes, como Juárez el Benemérito de las Américas.
                   Los países que forman nuestra América, no obstante su comunidad de origen, de arranque histórico, de lenguaje y de territorio, poco a poco se fueron separando y aislando entre sí para permanecer desunidos. Se ha dicho que más de veinte pueblos por separado hemos seguido caminos paralelos encadenados a fuerzas externas.
                   José Vasconcelos, aquel que editó libros, construyó escuelas, difundió la educación y que fue antiimperialista, afirmó que la América Latina perdió la mayor de las batallas el día en que cada una de sus repúblicas “se lanzó a hacer vida propia, vida desligada de sus hermanos, concertando tratados y recibiendo beneficios falsos, sin atender los intereses comunes”.
                   En México como en todos los países de nuestra América, está vigente la vocación latinoamericanista. Los presidentes de las naciones de nuestra América saben que tenemos un origen común, con diversas creaciones nacionales, pero con una identidad cultural, una semejanza en la vocación por la democracia, la libertad y la justicia. Somos latinoamericanos
                   Los jefes de gobierno de las naciones de nuestra América, promueven la unidad latinoamericana. La unidad es la voz de orden en nuestra América.  La integración latinoamericana no es sólo un imperativo de nuestra historia. Es una necesidad  que nace de las condiciones y demandas del mundo de nuestro tiempo en rápido proceso de transformación humana. Es un objetivo que   toma nueva frescura con el viento que viene  del Sur y el Caribe.
                   En el anhelo histórico se debe afirmar el propósito de lograr que los latinoamericanos marchemos solidariamente unidos. Nuestros pueblos encontrarán en la unidad la fuerza necesaria para superar los retrasos, romper las dependencias negativas del exterior, acelerar su desarrollo y conseguir su plena independencia. El viento que viene del Sur hoy es contrario a los factores que en el pasado nos desunieron. Sopla a favor de la utopía de Simón Bolívar: Integrar una gran nación latinoamericana como una federación de naciones en una alianza común.


  *Periodista.